Perdidamente enamorados - Episodio 1
by Ian Kieffer
Me late el corazón a mil millas por hora.
Nunca he estado tan nerviosa en mi vida…
Porque es la primera vez que hago paracaidismo.
Vuelo alto por el cielo de la Isla de Hawái…
A segundos de saltar del avión…
Y descender a 3.6 kilómetros del suelo.
El piloto se da vuelta en el asiento frontal con una gran sonrisa.
¡Ya es hora!
El terror del momento me invade completamente.
No creo que pueda hacerlo.
Nate, mi instructor, se inclina hacia mi hombro.
Un arnés nos une a los dos.
Oye…
Sus dulces ojos cafés me dan un alivio instantáneo.
Sonríe alentadoramente.
Claro que puedes.
Dios mío.
Creo que me enamoré de mi instructor de paracaidismo.
¿Quién podría culparme?
Nunca he conocido a alguien tan controlado como Nate.
Es muy calmado.
Además, es increíblemente tierno.
Y ni hablar de lo increíblemente guapo que es.
Lo miro fijamente a los ojos.
¿Estás lista?
No contesto.
Solo miro por el borde.
Siento como si mi corazón fuera a explotar.
A la cuenta de tres. ¿Lista?
No.
Nate sonríe.
Sí.
Uno... dos...
¡PUF!
Grito con todas mis fuerzas mientras caemos en picada.
El impulso inicial es como una montaña rusa.
Pero luego todo va más despacio.
Y es como si flotara.
¡Esto es increíble!
Pasan unos segundos más...
Y luego Nate saca el paracaídas.
Inmediatamente nos impulsa hacia arriba.
Y luego sucede algo raro.
Nos desviamos hacia el oeste y empezamos a descender rápido.
Demasiado rápido.
Miro hacia arriba.
El paracaídas está enredado.
¡Maldición!
¡¿Maldición?!
Nate saca una navaja suiza de su bolsillo trasero...
Y comienza a cortar las correas del paracaídas.
Mientras tanto, estamos prácticamente de lado...
Y ganando velocidad.
Nos precipitamos a la tierra a una velocidad aterradora.
¡Nate! ¡¿Qué está pasando?!
Dame un momento.
Permanece intensamente concentrado.
Y de repente...
¡ZAS!
Corta el paracaídas enredado.
¡¿Ahora qué?!
Esperemos que funcione el paracaídas auxiliar.
¡¿Qué?!
¡PUF!
Saca el paracaídas auxiliar.
Se abre sin problemas.
Pero todavía estamos en graves problemas.
Abrió el paracaídas demasiado tarde...
Y descendemos demasiado rápido.
Vamos directo a una enorme selva tropical.
Lo siento, pero este será un aterrizaje un poco brusco.
Lo siguiente que recuerdo es que rozamos las ramas altas.
Por suerte, atravesamos el follaje...
Y damos con un claro de arbustos.
¡PAM!
Nos estrellamos contra la alta pero suave hierba tropical.
Lo siguiente que recuerdo es que estoy boca arriba.
Mi respiración es rápida y débil.
Estoy golpeada, pero no me rompí nada.
Puedo oír la voz apagada de Nate por debajo de mí.
¿Podrías darte la vuelta para destrabarnos?
¡Oh, rayos! ¡Perdón!
Me doy la vuelta. Nate se desabrocha.
Luego se levanta y me ayuda a ponerme de pie.
¿Estás bien?
Sí. ¿Y tú?
Sí.
Echa un vistazo alrededor.
Parece que estamos justo en medio de la selva.
Ah…
¿Qué vamos a hacer?
Busca en su mochila y saca la radio.
Nate a Andrew, Nate a Andrew. ¿Me copias?
Pasa un breve momento y luego Andrew responde.
Habla Andrew, te copio.
¿Qué les pasó, chicos?
Tuvimos una pequeña falla.
Nos desviamos de curso.
¿Sabes la ubicación?
No.
Solo sé que estamos muy al oeste.
De repente, el oído de Nate reacciona.
Espera. Oigo una cascada.
¡Ah! ¡Sé exactamente dónde están!
¡Vaya! ¡Están MUY lejos de la zona de aterrizaje!
Como a un día a pie.
¡¿UN DÍA?!
¿Qué nos sugieres hacer?
Llamaré a un helicóptero de rescate.
Lleguen a la cascada.
Tendrán que bordearla hasta abajo.
Después, sigan el río un poco más adelante.
Luego el helicóptero irá a buscarlos en las aguas tranquilas del río.
Entendido. Gracias.
Nate apaga la radio y se voltea hacia mí.
¿Lista para una pequeña aventura?
¿Ya no tuvimos una?
De repente, el cielo retumba y se abre.
Comienza un fuerte aguacero.
Sonríe.
Supongo que no.
Empezamos a caminar hacia la cascada...
Y en poco tiempo estamos empapados.
Después de un poco de silencio, Nate habla.
¿Sabes? Tal vez no sea el mejor momento...
Pero si logramos salir de aquí...
¿Me dejarías invitarte a un trago?
Mi corazón palpita. Me sonrojo.
¿Me estás invitando a salir?
¿Te parece poco profesional?
Depende...
¿Haces esto con todos tus clientes?
Se detiene y me mira fijamente a los ojos.
No. Nunca.
Puedo sentir la sinceridad en sus palabras.
Es fuerte. Me hace estremecer de pies a cabeza.
Entonces, sí, puedes invitarme a un trago...
Si salimos de aquí con vida.
Sonríe.
Entonces, me aseguraré de que así sea.
¡Dios mío!
Si supiera cuántas ganas tengo de besarlo.
Mira.
Llegamos a la cascada.
¡Es enorme! Casi 25 metros de altura.
Empezamos a bajar la colina resbaladiza que la rodea.
Y de repente...
Oímos un estruendo.
Nos detenemos y volteamos.
En lo alto de la montaña, vemos una escena espantosa.
Árboles grandes que caen uno por uno y se rompen como ramas.
Algo enorme los está derribando.
Alud…
¿Qué?
Viene directo a nosotros.
Tenemos que saltar.
¡¿QUÉ?!
Nate se voltea hacia mí.
¿Confías en mí?
Por supuesto, pero...
¡¿Confías en mí?!
Por primera vez, Nate se ve realmente desesperado.
Vuelvo a mirar hacia la montaña.
El alud se aproxima rápido y con fuerza.
¡Sí, sí! ¡Confío en ti!
Tenemos que saltar o moriremos.
¿Podemos al menos hacerlo a la cuenta de tres?
¡No!
Me toma de la mano y saltamos.
El tiempo se detiene mientras caemos.
Tengo el corazón en la garganta.
Y antes de darme cuenta...
¡PUSH!
Chocamos contra el agua.
¡Sujétate de mí!
De repente, estamos atrapados en aguas rápidas...
Que nos arrastran y nos hunden...
Nos golpeamos contra las rocas...
Y caemos por pequeñas cascadas.
Pero nunca suelto a Nate.
La intensidad de ese momento parece una eternidad.
Luego todo empieza a volverse más lento y tranquilo.
El río se abre y la corriente nos empuja despacio hacia la orilla.
Todavía estoy aferrada fuertemente a Nate.
Estoy a punto de decirle algo...
Cuando me doy cuenta de que no se mueve.
¿Nate?
No responde. Tiene los ojos cerrados.
Al fijarme...
Le sangra mucho un lado de la cabeza.
¡Nate!
Arrastro su cuerpo inmóvil fuera del agua.
Me esfuerzo sobremanera.
¡Nate! ¡¿Me oyes?!
Nada.
¡Nate, por favor!
De nuevo, no hay respuesta.
Rompo en llanto...
Abrumada por una desdicha que nunca antes había sentido.
Pongo mi cabeza contra su pecho en busca de algún latido.
Y ahí es cuando oigo...
Te dije que lo lograríamos...
Lo miro.
Ahora Nate tiene los ojos abiertos.
Me sonríe apenas.
¡Dios mío!
Lo envuelvo con mis brazos.
Luego escucho el helicóptero...
Que se aproxima en la distancia.
Salto y empiezo a hacerle señas con las manos.
Aguanta, Nate.
Ya viene la ayuda.
Me hace un gesto para que vuelva a su lado.
Oye…
¿Se vale si en cambio te invito a jugo de manzana?
¿Y tenemos la cita en el hospital?
Le sonrío con alegría…
Y se me inundan los ojos de lágrimas.
Sí. Claro que se vale.
El helicóptero aterriza.
Los rescatistas corren hacia nosotros.
Y tengo que decir...
Que nunca había deseado tanto una cita en mi vida.
App